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TRABAJO DE FIN DE CURSO: OFICIOS DESAPARECIDOS DE HUELVA CAPITAL

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OFICIOS DESAPARECIDOS DE HUELVA CAPITAL, (SIGLO XIX Y XX)

FRANCISCO ROMÁN INFANTE ANDIVIA



1-INTRODUCCIÓN





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El auge de la industrialización a finales del siglo XIX, convirtió a Huelva en una ciudad exótica, muy diferente a las del resto de Andalucía, posibilitando, al mismo tiempo, la aparición de una serie de oficios, que con los cambios sociales, políticos y económicos del siglo XX, ya se han extinguido definitivamente.

En el siguiente estudio, vamos a hacer un repaso por la Huelva de aquellos años, a través de estas rudimentarias profesiones, que ya forman parte del ideario colectivo, definiéndose como auténticos valores de la etnografía local.

Desde aguadores, hasta quincalleros, pasando por colchoneros o barberos ambulantes, su historia merece ser contada en estas páginas, reconociendo su lugar destacado como parte de nuestro patrimonio más inmediato.




2-HISTORIA DE HUELVA DURANTE EL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX





Huelva es a comienzos del siglo XIX, un pequeño pueblo de escasos recursos, anclado al hastío y la indiferencia. Su sociedad, de clase baja y mayoritariamente analfabeta, se ve avocada al sector primario, con actividades de tipo agrícola y pesquero y muy pocas esperanzas de estabilidad y progreso.

Sin embargo, dos hechos fundamentales propiciarán un cambio de rumbo, transformando la ciudad y convirtiéndola en un espacio de solvencia económica, capaz de mirar con ilusión hacia el futuro.

A principios del siglo XIX, Fernando VII proclama una nueva y moderna división territorial y

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administrativa del reino de España. La provincia, unidad última, necesita sedes que alberguen sus instituciones gubernamentales. De esta forma, Huelva se erige capital en el año 1833.

Pero la resolución no fue nada fácil, ya que la provincia no contaba con ningún territorio lo suficientemente destacado como para albergar su sede capitalina.

Tres sitios fueron los candidatos: Ayamonte, Moguer y Huelva. Esta última fue elegida porque estaba cerca del mar y contaba con un importante puerto pesquero, pero no, evidentemente, por razones de tipo histórico o cultural, sin apenas patrimonio ni importancia.

Esta nueva situación en la que se ve inmersa la ciudad, hace que se creen instituciones gubernamentales y que se produzca un considerable incremento de la población. Al mismo tiempo, comenzará a gestarse el esqueleto urbano que conocemos en la actualidad, a través de un nuevo y ambicioso plan urbanístico.

La llegada de capital extranjero a la provincia en 1873, por otra parte, es el segundo gran hito histórico onubense, suponiendo toda una revolución sin precedentes en la ciudad.

Huelva ve mermadas sus aspiraciones de antaño de acercarse a la ría, a favor de las empresas “Riotinto Company Limited” y “Tharsis”, que imponen muelles-embarcaderos en el río Odiel.

Este hecho va a definir la historia de la urbe, desarrollando su economía y potenciando una vez más, su crecimiento demográfico, cambiando su aspecto y conformando sus límites espaciales. Una incipiente burguesía ilustrada, además, va a divulgar la puesta en marcha de instituciones y asociaciones de corte cultural.

La llegada de los ingleses y, en consecuencia, el auge de la industrialización, moldeará la urbe, conformando, a grandes rasgos, lo que sigue siendo hoy en día. Según los intelectuales coetáneos, esto no supondrá que la ciudad se vea más, “bonita”, pero sí que asuma un papel abanderado de progreso y modernidad.

En los últimos años del siglo XIX se construirán las estaciones de Sevilla y Zafra, estrangulando la ciudad y sus pretensiones de acercarse al mar definitivamente.

El nuevo mapa capitalino se erigirá en tres calles principales, Berdigón, Concepción y Palacio, y en la inauguración de nuevas y amplias avenidas, como las de Alemania e Italia

El pueblo ya no podrá mirar hacia la ría y en detrimento va a ensancharse hacia las carreteras de Sevilla o Gibraleón, con nuevos barrios como El matadero y Las colonias, respectivamente.

En todo caso, el proceso industrial es positivo porque convierte a Huelva en una capital solvente y de futuro.



3-CÁTALOGO DE PROFESIONES ANTIGUAS





· VENDEDOR DE AGUA, (AGUADOR)

Es impactante que todos los aguadores de Huelva, vivieran en las proximidades de la plaza de San Pedro. Esto se debía fundamentalmente, a que la mayoría de las norias y pozos locales, se encontraban en los alrededores de dicha finca. Fresca y radiante, el agua llegada desde el Conquero, a través del acueducto romano, para abastecer a toda la ciudad.

Estos profesionales iban por la calle, ataviados de un característico uniforme, arrastrando una mula, que acarreaba recipientes de barro y metal sobre su lomo. Un dato curioso, tiene que ver con el hecho, de que sus anuncios, estuvieran precedidos de un canto armónico, como haciendo de su frase, una melodía en sí misma. Sus gritos decían aquello de, “agua fresquita del pozo dulce”, invitando a las mujeres del lugar a salir de sus casas.

Hoy en día, tenemos agua potable a golpe de grifo, pero no hay que olvidar, que hubo una época en la que esta tecnología parecía un sueño de ciencia ficción. Lo increíble es que esa época de la que hablamos, fue hace menos de cien años. Deberíamos de valorar este oficio, no sólo por lo que era, sino por lo que significó para cientos de generaciones, incapaces de sobrevivir sin su canto.

· QUINCALLERO

El quincallero solía ser un joven poco ilustrado, que vestía ropa desaliñada, casi siempre, descosida, parcheada y arrugada. Alrededor del cuello, llevaba una lazo, que anudado, servía para atarle una bandeja, que portaba entre los transeúntes del centro, ofreciendo sus productos.

Estos, eran utensilios pequeños y de escasa calidad, tanto artística como material. Eran, en definitiva, vasijas, cucharillas, pitilleras o demás artículos, confeccionados en latón o metal.

Su desaparición no se hizo esperar, extinguiéndose casi tan rápido como se había creado.

· AFILADOR

Si bien es cierto, que aún podemos encontrar algún afilador errante en las esquinas de Huelva, hay que reconocer que son ya pocas las personas que conservan este oficio, y es que la demanda, al mismo tiempo, se ha reducido considerablemente. Casi reducto arqueológico, desaparecerá pronto si no se remedia.

En este sentido, debería actuar la antropología, catalogando el bien y haciéndolo constar en el decálogo de patrimonio inmaterial, no sólo de Huelva, sino de todas las ciudades españoles.

Su trabajo es bien conocido, incluso por generaciones no demasiado longevas. El afilador, arreglaba útiles que estuvieran desgastados, en la mayoría de los casos, la punta de los cuchillos, aunque no necesariamente. Iba en una bicicleta adaptada a su maquinaria de trabajo y su manera de atraer a la clientela, muy atractiva, era la flauta dulce.

· VELONERO

Los veloneros iban acompañados normalmente, de algún animal fiero, que le servía como vigía y escudo. En otras ocasiones, sin embargo, este exótico hecho no acontecía.

El velonero, normalmente hombre de mediana edad, llevaba ropa holgada y de gris impoluto, que le daba, por otra parte, un toque bastante siniestro. Además, su trabajo con una campanilla, llamando a los posibles clientes, y en muchas ocasiones de noche, no ayudaba para que su imagen fuera más positiva.

En contraste con su apariencia, su oficio no era otro, que el de llevar luz a las casas de los onubenses, realizando, vendiendo y reparando, lámparas de aceite, que se utilizaban de manera continua.

Con la llegada de la electricidad, esta profesión tuvo que desaparecer inminentemente, resucitando sólo en la historiografía.

· CHATARRERO

Seguramente que todos tenemos en la cabeza la figura del chatarrero actual, que va recogiendo metales por las calles, a cambio de algo de dinero. Pero este oficio no es propio de esta época, sino que muy al contrario, surgió a finales del siglo XIX, a raíz de la industrialización y en consecuencia, de la masiva confección de objetos metálicos, que dejaban de servir rápidamente.

Con un sombrero grande y ropa ancha, en la mayoría de las ocasiones, se trataba de un hombre joven de procedencia humilde, pocos recursos y escasa formación, pero nada tiene que ver con la imagen marginal y de extrema pobreza que alberga actualmente. Asimismo, los chatarreros decimonónicos, se servían de la colaboración ciudadana, pidiendo amablemente sus objetos, y no robándolos o buscándolos en los rincones más insospechados.

· TABLAJERO

Hoy en día, podríamos asumirlo como parte de las competencias que tiene un carpintero o grupo de carpinteros, pero a finales del XIX y principios del XX, se trataba de una profesión por sí sola, diferente a las demás.

El tablajero tenía varios encargos. El primero, era cargar tablas de madera, que llegaban al puerto a través de inmensos barcos mercantiles. De allí, eran trasladados a las diferentes fábricas de madera de la ciudad. La más importante era la ubicada en el Molino de la Vega.

El segundo, era el de pavimentar las calles en ocasiones especiales, como semana santa o alguna feria local. Por último, llegaban a hacer estructuras en las que podía asentarse una casa.

Con la llegada del siglo XX, muchas actividades fueron incorporadas a oficios de convicción generalista, integrándose en el gremio de la carpintería, como una especialización más.

· ESPARTERO

Se le llama así, porque trabajaba directamente con el esparto, confeccionando todo tipo de útiles, que hacían las delicias de las personas más adineradas de la Huelva decimonónica.

No obstante, el esparto era un material parecido al terciopelo, que permitía una gran manejabilidad, adaptándose perfectamente a cualquier tipo de forma. El espartero, se apoyaba en su taller, donde tenía al alcance, todo lo necesario para fabricar objetos, telas o papel.

Podemos destacar el taller de la calle rico número 28, regentado por el artesano José Hernández Domínguez y que, desafortunadamente, ya no existe, habiendo dejado una huella en el sentir popular de Huelva


· ALFARERO

En cuanto a este oficio, me gustaría hacer referencia, primeramente, a su marcada ligación con la cultura del agua, confeccionándose, vasijas, ánforas, búcaros y todo tipo de útiles en honor de un bien preciado por todos.

Y es que alrededor de él, se han ideado una serie de normas, estructuras y pautas de comportamiento, que cada pueblo ha asumido de una manera diferente. Analizar estas pautas desde un punto de vista holístico, supone un aliciente para la nueva etnografía.

Sería una pena, que se perdieran en la nada, algunas de las piezas a las que hemos hecho referencia anteriormente. Como el botijo, que ya no se utiliza a penas, pero que alberga una marcada dosis de romanticismo.

Entre los alfareros más productivos y mejor considerados del siglo XX en Huelva, podemos hacer referencia a Manuel Echave y Sebastián Agudo, que tenían sendos talleres en el centro capitalino.

· LECHERO

El siglo XX, nos ha dejado a través del cine y la televisión, una imagen muy distorsionada de lo que suponía ser lechero. No se trataba sólo de un hombre que distribuía el producto, ofreciéndolo de casa en casa, sino que además, era el encargado de elaborarlo, haciéndose cargo de una extensa manada de cabras, que manejaba a su antojo por las calles de la ciudad.

· COLCHONERO, SILLERA, COSTURERA Y PARAGÜERO

He decidido incluir las cuatro profesiones que siguen, en un único espacio, debido a su parecida naturaleza.

Colchoneros, silleras, costureras y paragüeros, se dedicaban a reparar los bienes que hacían honor a su nombre. En el caso de los colchoneros, jergones, en el de las silleras, mecedoras, en el de las costureras, ropa y en el de los paragüeros, útiles para protegerse de la lluvia.

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Hoy en día han desaparecido, debido al poco valor que se le profesa a los objetos, que se han quedado relegados a un segundo plano, en busca de otras experiencias. Quizás, la crisis económica, haga que tengamos que apreciar nuevamente la efectividad de los inmuebles, haciéndoles crecer y perdurar en el tiempo.

Por último, me gustaría hacer referencia a un hecho significativo, y es que dos de estas profesiones, eran en exclusiva, competencia femenina. Una, la de las costureras, por motivos evidentes, otra, la de las silleras, ahondaba sus raíces en una idea, dejar que las mujeres viudas ocuparan puestos de relevancia para poder ganarse el pan de sus hijos.

Gracia Rodríguez tenía un taller de restauración, en el número 31, de la calle Alcalde Miguel Redondo, de la capital.

· SERENO

Han llegado a estar presentes en la vida cotidiana de finales del siglo, pero no conocieron el año 2000, extinguiéndose y sumándose así a otras profesiones de vecindad, como la de portero, que ya sólo existe en núcleos demasiado privados.

El sereno era un hombre elegante, con presencia y conversación, que paseaba uniformado por las calles colindantes a la, (o las), finca, (fincas) en la que desarrollaba su trabajo.

Su cometido, era el de abrir la puerta por la noche a los vecinos rezagados y, al mismo tiempo, ahuyentar a los delincuentes, ejerciendo una labor de vigilancia y seguridad, muy parecida a la que desarrollan actualmente los guardias jurados.

· BARBERO AMBULANTE

Se trataba de una profesión muy divertida, que hacía su agosto alrededor de fiestas populares, como las corridas de toros en la Merced.

Portaban todo tipo de útiles para satisfacer a sus clientes, e incluso un paraguas, evitándoles así, las inclemencias meteorológicas.

Desafortunadamente, terminó desapareciendo, junto con su profesión más igualada, la de los limpiadores de botas.

· MOLINERO

Su labor era el de moler aceitunas o trigo, según la naturaleza del molino en el que se

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trabajase.

A finales del siglo XIX, Huelva tuvo una gran proliferación de molinos de viento, entre los que podemos destacar, el erigido en la plaza de San Pedro, o de los labradores, o el que da nombre al hasta entonces sólo barrio de la Vega, regentado por el llamado “Tito Kiko”

Los cambios en el sistema productivo acontecidos a principios del siglo pasado, incidieron notablemente en la desaparición de estos inmuebles, y en consecuencia, de la profesión que a ellos estaba ligada.

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Hoy en día, el molino está considerado como uno de los bienes más evidentes del patrimonio etnológico, y la profesión de molinero, es su cauce fundamental.

· POCERO

Ya no hay pozos en Huelva, pero a principios de siglo, eran abundantes, debido a la falta de agua potable en las casas. Alguien tenía, no obstante, que revisarlos, comprobando su efectividad y limpiándolo de posibles agentes externos.

El pocero seguirá existiendo en cuanto haya pozos, cosa que lo va a condenar inevitablemente, a la extinción más absoluta en pocos años.

· PASTOR

A pesar de su antigüedad, no se trata de una profesión que se haya extinguido hace demasiado poco tiempo. Es más, podemos decir que estuvo vigente en la propia ciudad hasta bien entrada la década de los 90, cuando dejó de considerarse atractivo para los planes urbanísticos.

El pastor era un hombre vestido de pana, que cuidaba de inmensos rebaños de ovejas, y que podía hallarse en los pastos, al abrigo de un árbol o jugueteando con las reses en un campo frondoso.

Su última ruta fue entre Gibraleón y Huelva, por el camino que va al cementerio, en la zona en la que hoy se ubican chalets de bajo coste, en frente de las marismas del odiel y debajo del conquero.

· CRIADA

No tienen nada que ver con la idea que albergamos hoy en día de lo que es una empleada del hogar.

La criadas servían en la casa de los señores ricos, casi siempre de manera interna, y ocupándose de los niños, de las tareas domésticas y del mantenimiento de la casa. En muchos casos, permanecían toda la vida en la misma familia, criando a los infantes de generación en generación.




-CONCLUSIÓN





Huelva ha contando con multitud de profesiones, que ya no existen, pero que han contribuido a enriquecer su patrimonio etnográfico. El deber de los gestores culturales, es el de conocerlo, tasarlo y difundirlo con todas las herramientas que estén a su alcance, desde la ley hasta la propia concienciación ciudadana.

Quizás en un futuro volvamos a ser testigos de esta arrebatadora imaginación, ya que la crisis agudiza el ingenio. Hasta entonces, tendremos que seguir valorando el legado que han dejado nuestros ancestros.


-FOTOGRAFÍAS



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